martes, 27 de octubre de 2020

A propósito del fútbol


Soy un convencido beligerante contra este deporte y lo soy porque también estoy convencido que el fútbol prácticamente no devuelve nada positivo a las sociedades donde está presente. Paso a dar algunas de mis razones: 

En primer lugar creo que simboliza un modelo de éxito perverso para la gente joven, basado en unos contratos que en muchas ocasiones rozan lo obsceno suponiendo que exista algo no obsceno en este deporte y un trato mediático que el mundo académico o la ciencia, por ejemplo, no tienen. 

En segundo lugar, en todos los países donde el balompié tiene presencia existen equipos con presupuestos superiores a ayuntamientos de sus países o a proyectos de investigación y en su conjunto a políticas regionales o locales, prueba evidente de que la sociedad ha errado sus prioridades. 

Y en tercer lugar, el fútbol es el único deporte que genera violencia gratuita y tribal, ningún otro deporte ni el tenis, ni el ciclismo, ni el atletismo, ni la natación o cualquiera de los otros deportes olímpicos genera violencia. La violencia que genera el fútbol arrastra un goteo de muertos en todos los países donde tiene presencia que no debería ser tolerable. La prueba: los enfrentamientos continuos entre hinchadas que es una prueba más que evidente de que las sociedades deberían desfutbolizarse porque, como digo, el fútbol no devuelve nada positivo a las sociedades donde tiene presencia y es espejo de sus propios fracasos a la hora de priorizar la búsqueda del bien común.

jueves, 15 de octubre de 2020

Una historia diferente


Nuestro pino doncel sigue creciendo; aunque en su crecimiento, a lo largo de estos seis años, ha perdido algunas de las acículas, se aprecian en la foto ya de color marrón y secas, como si en algún momento de su vida hubiera sufrido estrés hídrico, no deja de ganar altura y ensanchar la base de su todavía diminuto tronco. Además, también se aprecia el brote de nuevas ramas que no se percibían tan bien en la foto de la entrada anterior.


Ahora ya en el pensamiento de hoy, hay una idea que cada día cobra más fuerza en mi cabeza: Quizá, nos han contado una historia que no se acerca del todo a la verdad. 


La izquierda en este país, cada día más radicalizada, ha intentado desde siempre controlar el relato de los hechos, consciente de que vivimos unos tiempos en que la democracia parece sustentarse en tres claves o pilares: 


El primero, la vida, y por tanto la democracia, es un conflicto entre buenos (izquierda) y malos, entre nosotros (izquierda) y ellos. La izquierda necesita del conflicto para mantener sus bases más radicales y seguidores menos comprometidos en estado de alerta.


El segundo, confiar solo en las emociones y provocar emociones mediante el relato para impulsar el sentimiento de víctima de los nuestros (izquierda) frente a los otros, el dolor de los nuestros (izquierda), o lo bonito y vibrante de lo nuestro (izquierda) frente a lo aberrante de los otros. De suerte tal que se instale una emocracia (emoción-democracia) que impregne cada espacio de convivencia sustituyendo las ideas por emociones rápidas y viscerales que mantengan vivo el conflicto y la ira de las partes.


Y por último, controlar el relato significa abandonar toda referencia al debate científico censurando ideas contrarias a la izquierda. En este sentido, la izquierda propone que hay ideas que no pueden debatirse por que son contrarias a su relato. La izquierda censura más que la derecha en la universidad, ahí nacen los boicots a conferencias y debates en la universidad de posiciones contrarias a la izquierda ¡a dónde hemos llegado!


Estos tres pilares de la emocracia en la que la izquierda nos pretende instalar nacen y se aprecian en el relato de la izquierda radical abertzale, el relato de la izquierda independentista catalana y la cada vez mas radicalizada postura de Psoe y Podemos.